domingo, 22 de marzo de 2015

Tradiciones de Semana Santa en Ayacucho

El anda del cristo resucitado.  Reportaje gráfico de la instalación de la imponente anda procesional que cierra la Semana Santa ayacuchana en la Pascua de Resurrección. Desde hace tres meses se elaboran los adornos en parafina y el Jueves Santo empieza su construcción y decoración en el atrio de la catedral.




Un silencio sobrecogedor gobierna a los miles de fieles congregados en la plaza mayor de Huamanga cuando el anda procesional semejante a una pirámide escalonada –totalmente blanca e iluminada con cientos de focos ahorradores– emerge por el portón de la basílica catedral ayacuchana.
Son las cinco y media de la mañana del domingo y los primeros rayos solares quiebran la noche huamanguina. 
De pronto, la sagrada imagen del Cristo Resucitado emerge del interior del anda ante el asombro del respetable, y el silencio es roto por los aplausos de los miles de fieles que pasaron toda la noche en la plaza esperando esta escena que no solo simboliza la Pascua de Resurrección sino también a todas las ceremonias de la célebre Semana Santa en Ayacucho.
A diferencia de otras procesiones en el mundo católico, el anda del Cristo Resucitado ayacuchano se construye especialmente para cada celebración de la Semana Santa. Y está a cargo de dos tradicionales familias de artesanos expertos en la elaboración de piezas religiosa en cera y parafina.
Se trata de los clanes familiares Hurtado y Alarcón, cuyos integrantes –abuelos, padres, hijos y nietos– empiezan la elaboración de cada pieza  de cera tres meses antes de la Semana Santa.
Sin embargo, la construcción del anda procesional empieza el mismo Jueves Santo, cuando los troncos, clavos y sogas son instalados en el atrio de la basílica catedral.
El proceso lo podemos ver en esta secuencia fotográfica y responde a una antigua y escrupulosa industria, cuya tradición se remonta a los años de la evangelización en Ayacucho, conservando típicos rasgos de la tradición religiosa andina.
El resultado es una obra de arte a la que se vuelcan cientos de fieles para "poner el hombre" en la procesión que recorre el perímetro de la plaza mayor, y que culmina con una misa en quechua en el atrio de la propia catedral.

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